Salud

El silencio también mata

Por Carlos Reyes, Fundación Apapachos

Junio es el mes de la salud mental masculina, una oportunidad necesaria para hablar de una realidad que muchas veces permanece oculta. Porque detrás de muchos hombres que parecen fuertes, exitosos o capaces de resolverlo todo, existen luchas silenciosas que pocas personas alcanzan a ver.
Las cifras son duras. En Chile, cerca de ocho de cada diez personas que mueren por suicidio son hombres. No porque sufran más que otros, sino porque muchas veces sufren solos. Porque desde niños aprendieron que llorar era debilidad, que pedir ayuda era una señal de fracaso y que un hombre debía soportar cualquier carga sin quejarse.Así hemos construido generaciones de hombres que aprendieron a trabajar cansados, a sonreír estando tristes y a responder «estoy bien» cuando por dentro se estaban derrumbando. Padres, hijos, esposos, trabajadores, dirigentes sociales, voluntarios, amigos y vecinos que llevan sobre sus hombros responsabilidades enormes, pero que rara vez encuentran un espacio seguro para decir que están agotados.
Vivimos en una sociedad que constantemente les pide a los hombres ser fuertes, pero pocas veces les pregunta cómo están. Los escuchamos hablar de trabajo, de dinero, de proyectos o de responsabilidades, pero rara vez de sus miedos, de sus heridas o de aquello que les quita el sueño. Y cuando el dolor no encuentra palabras, suele transformarse en aislamiento, ansiedad, depresión o desesperanza.
Quizás por eso la verdadera fortaleza no consiste en aguantar hasta quebrarse. La verdadera fortaleza está en reconocer que necesitamos ayuda, en atrevernos a hablar, en permitir que otros caminen junto a nosotros cuando las fuerzas se terminan.

Desde Fundación Apapachos hemos aprendido algo sencillo, pero profundamente humano: todos necesitamos un abrazo. No solamente quienes viven en la calle, quienes pasan hambre o quienes enfrentan situaciones extremas. También necesita un abrazo el hombre que carga preocupaciones en silencio, el padre que teme no estar haciendo lo suficiente, el trabajador agotado, el amigo que sonríe mientras lucha una batalla que nadie conoce.
Vivimos en tiempos donde abundan las opiniones, pero escasea la escucha. Donde sobran los juicios, pero faltan los abrazos. Y quizás la salud mental también comienza ahí: cuando alguien se siente visto, escuchado, valorado y amado.
Para quienes tenemos fe, existe además una esperanza que transforma. Dios nunca nos llamó a caminar solos. Nos invitó a descansar en Él, a compartir nuestras cargas y a sostenernos mutuamente. Porque incluso el corazón más fuerte necesita compañía en algún momento del camino.Este mes de la salud mental masculina, tal vez el desafío más importante sea aprender a mirar con más amor a quienes tenemos cerca. Preguntar cómo están y esperar una respuesta sincera. Escuchar sin juzgar. Acompañar sin exigir perfección. Abrazar sin condiciones.Porque detrás de muchos «estoy bien» hay una historia que necesita ser escuchada.
Y porque, aunque a veces se nos olvide decirlo, todos necesitamos saber que no estamos solos.
Porque el silencio también mata, pero el amor, la compañía y un abrazo oportuno pueden salvar una vida.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente la postura del medio. Este espacio tiene por finalidad promover la reflexión, el diálogo y la discusión de temas de interés público, resguardando la libertad de expresión y la diversidad de opiniones. Equipo Editor

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